UN BORRADOR PARA ANDAR UN NUEVO CAMINO
Mayo 14, 2008
Artículo del compañero Fernando Alcalde, en el que analiza la situación actual.
Comienzo con dos recortes de textos de Jorge Riechman
(Estrategias)
La cuestión es si comenzamos la línea con un cero o con un uno.
El método que aconseja tomar como punto de partida la peor hipótesis posible pasa por ser racional y realista. Y en cierto sentido su racionalidad y realismo son incontestables. El problema es que semejante método nos pone en una situación en la cual la peor hipótesis posible adquiere una elevada propensión a abandonar el mundo de las hipótesis para encarnarse en el de las realidades. Los científicos sociales estudian estas profecías que arrastran consigo su propio cumplimiento.
Si trato a mi hermano como si fuese un canalla, y le hago saber que lo considero un canalla, casi con toda seguridad se comportará como un canalla. Si señalo a mi vecino que lo considero un enemigo, y actúo como si fuese un enemigo, casi con toda seguridad él obrará como mi enemigo. Si te trato como a un cadáver, sin ponerte la mano encima estoy contribuyendo a matarte. En cada caso, cargándome —eso sí— de racionalidad y realismo.
La cuestión es si comenzamos la línea con un cero o con un uno. Gandhi, antes de que comenzase la digitalización del mundo, escribió: «El socialismo comienza con el primer convencido. Si hay uno así se podrán agregar ceros al uno, y el primer cero contará por diez, y cada agregado valdrá diez veces el número anterior. Si no obstante el que comienza es cero —o, en otras palabras, nadie se atreve a empezar— la multiplicidad de ceros también producirá un valor de cero. El tiempo y el papel empleados en escribir ceros serán tan sólo desperdicios».
También se puede releer a Monatte, un sindicalista francés de comienzos de siglo: «Cuando llego a un lugar y me dicen que no se puede hacer nada, inmediatamente pienso que está todo por hacer».
Y sigo con otro:
Nada puede reconstruirse a partir de su centro: sólo de sus orillas.
Viene esto a cuento de cierto miedo al vacío que percibo en algunos compañeros y compañeras cuando la lógica del análisis nos lleva irremediablemente a la certeza del final del proyecto político de IU tal y como hoy está estructurado. Y en segundo lugar a la constatación de que desde las estructuras actuales es imposible reconstruir el proyecto porque, precisamente, las estructuras están ahí para sostener el actual edificio, para que nada cambie.
El desastre electoral acaecido tiene que ver con la imposibilidad de que una fuerza política como la nuestra afronte exitosamente un proceso electoral circunscrito al marketing y la publicidad, al que se suma la desproporcionalidad del sistema electoral vigente, sin contar con una movilización del voto social trabajado de forma continuada en sus ámbitos de conformación. Plantear diferencias entre la debacle federal y la parálisis andaluza sería un ejercicio ridículo sino fuese por lo trágico que esta actitud irresponsable tiene respecto del esfuerzo y el compromiso de miles de militantes de IU; una actitud que, como todos conocemos, sólo tiene explicación en el enfrentamiento interno entre las cúpulas dirigentes de la organización y que no se justifica más allá de esa pantomima.
Lo sustancial, que subyace a los resultados electorales, es que hoy IU es un proyecto debilitado social y organizativamente, cuya falla principal se encuentra en la pérdida de credibilidad y de confianza por parte de los ciudadanos. Como se ha escrito, no hemos sido barridos por el voto útil, hemos sido ahogados en la percepción de que nuestro voto era inútil.
Esta percepción tiene que ver con circunstancias e influencias diversas. Tiene que ver con la incapacidad actual de la Izquierda Alternativa para dar respuesta concreta a las demandas surgidas en nuevo contexto económico cultural, en una sociedad occidental capitalista donde se han fragmentado y multiplicado las identidades sociales y culturales, y donde se han debilitado los sujetos políticos tradicionales que han liderado las resistencias y alternativas al sistema (sindicatos, partidos políticos). Una sociedad postmoderna donde se han quebrado las identidades de clase, complejizándolas, atomizando, individualizando haciendo surgir como centrales otras contradicciones de clase, de género, ecológicas o geográficas, donde el ciudadano ha sido trasladado al rol de consumidor.
Pero también, y sustantivamente, al modo en que se ha articulado organizativamente y estratégicamente la acción política de IU, en la que los ciudadanos perciben un abismo cierto entre lo que se dice y lo que se hace, entre la vaguedad de las propuestas y las necesidades sociales, entre un discurso radicalizante y una praxis acomodada, entre la proclama moralizante y la acción desacreditada.
Como proyecto de transformación social, hemos fracasado en la medida que se han prostituido las claves que definieron el proyecto de la izquierda transformadora que fue IU: el Programa como concreción coherente de las políticas, como solución practica a las necesidades sociales; y una nueva forma de organización como ente instrumental que genera, promueve y ejecuta las propuestas políticas desde el ejercicio de la democracia radical, la honestidad y la permeabilidad social.
Organizativamente se ha fallado en la reducción de la actividad política a la vida institucional, es cierto. Pero no es menos cierto que este ha sido el refugio de una organización débil, desmovilizada y acosada que en la mayor parte de los casos no ha tenido, ni tiene, una propuesta creíble con la que enfrentarse a las demandas de una sociedad alejada culturalmente de las aspiraciones y reivindicaciones de los movimientos sociales. Unos movimientos sociales que no han sido respetados y con los que no se ha trabajado lealmente, siendo utilizados coyunturalmente de tal modo que hoy se encuentran más enfrente de nosotros que con nosotros.
Todo esto produce desilusión, desesperanza, desconfianza, desmovilización en los sectores activos de la sociedad que son nuestros aliados y a los que pretendemos representar políticamente, a los que algunos de modo reduccionista llaman electorado.
En lo interno es trasladable todo lo anterior. Hablar de que hoy IU es un proyecto plural, radicalmente democrático, transformador y participativo es un sarcasmo. El abuso de la imposición de los aparatos de dirección, el hostigamiento a las asambleas críticas, la reducción de la participación de las bases al voto delegado y a la pegada de carteles, la criminalización de la pluralidad, el abismo entre la militancia y la dirección, el abandono de la elaboración colectiva, etc.,etc., Un bestiario de todo lo criticable por perverso del sistema tradicional de partidos y que en una formación como la nuestra, con nuestras gentes, es simplemente inaceptable. La consecuencia es desmotivación, pérdida de referencias, ensimismamiento y, finalmente, el abandono activo o pasivo de la formación.
Las claves para la reconstrucción del proyecto están ya escritas en los estatutos de IU y repetidas hasta la saciedad con mayor o menor fortuna por unos y otros, sintetizadas en las palabras de Serge Latouche, en la construcción de “una sociedad fundamentada más en la calidad que en la cantidad, en la cooperación más que en la competición, una humanidad liberada del economicismo, que busque la justicia social como objetivo”. Como indica Capella “un imaginario programático decidido a reimponer obligaciones y deberes sociales al empresariado y a las instituciones públicas; que se haga cargo de los problemas: la militarización del mundo, la crisis laboral de la tercera revolución industrial; las crisis energética, ambiental y demográfica; la sobreurbanización y el hiperconsumismo; las migraciones. Un imaginario sensible a las exclusiones, a las discriminaciones, al desarraigo”
Las características del proyecto por el que luchamos han sido definidas, por tanto, mil veces, quizás la reciente propuesta de Anquita, con algunas nuevas inclusiones sea la más concreta:
IU, Movimiento Político y Social Organizado que fija su objetivo en la permanente Construcción de la Alternativa a la sociedad, el Estado, la cultura existente y los valores dominantes. La superación del Capitalismo tendría como proyecto inmediato de trabajo la consecución de los objetivos que ya marcamos en IU: Una sociedad de Pleno Empleo de calidad. Una Economía desde la óptica del Desarrollo ecológicamente sostenible. Una Protección Social plena. Reparto del Trabajo. Y junto a ello las acciones de política económico-fiscal necesarias para ello.
Democracia Radical en IU. Publicidad permanente de los censos de militancia y libre acceso para quien quiera consultarlos. Reglamentos que fijen con precisión la publicidad de los acuerdos orgánicos hacia la militancia, que regulen el régimen se sesiones, deliberaciones y acuerdos así como la información previa y documentada en cada sesión. Revocación de los cargos públicos por las asambleas competentes u órganos competentes que los eligieron como candidatos en las elecciones. Elección de direcciones tras la presentación de un programa del que rendirán cuenta en las sesiones habilitadas para ello. Finanzas claras, transparentes y co-responsables. Militancia efectiva según posibilidades.
Elaboración Colectiva. Esta seña de identidad no es sino la aplicación en el marco de lo concreto de la alianza social en torno a objetivos, métodos y valores. Sin que los ciudadanos participen en la elaboración de las soluciones para sus problemas no habrá nunca conciencia de la realidad, sus límites y el papel que la Democracia tiene en el cambio social. Pero la elaboración colectiva no es la creación de un gabinete de asesores que elaboran papeles para los cargos públicos es básicamente un mecanismo de participación democrática en las decisiones de IU, es un mecanismo de aportación e intervención en las líneas de actuación de la actividad política y social y también en las políticas a realizar en las instituciones. Las Áreas como un mecanismo de elaboración (pueden haber otros más) deben ser organizadas de tal manera que los militantes y dirigentes participen en ellas habitualmente. En las elaboraciones que sobre ellas hemos en IU hay material suficiente para concretar su organización, funciones y participación política.
IU es una fuerza política de carácter federal. Y esta apuesta que proviene de nuestra concepción del Estado no significa otra cosa que otra forma de concebir el acuerdo de un Estado unitario que busca su cohesión desde el consenso el acuerdo, la atribución clara de competencias, funciones y responsabilidades. La federalidad es incompatible con los taifatos. Una idea debe quedar clara: la federalidad es un reconocimiento a la diversidad pero en el marco de una visión común de la Transformación social. La transitoriedad de Estados, nacionalidades y entes territoriales ante la concepción de un mundo nuevo, solidario y sin fronteras debe estar siempre presente. Siempre reconociendo el derecho de libre determinación de los pueblos o derecho de autodeterminación, entendido como el derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno, perseguir su desarrollo económico, social y cultural y estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de igualdad.
Escrupulosa legalidad. Una fuerza política que se pretenda democrática debe guiar sus actuaciones internas y su funcionamiento por el respeto y ejercicio de la legalidad. Estatutos, reglamentos, régimen de sesiones y toma de acuerdos deben ajustarse totalmente a las reglas de juego estatuidas libre y soberanamente por el colectivo. Las comisiones de Garantías no pueden ser concebidas con órganos para salir del paso cuando no como cementerio elefantes. Es inadmisible que los Estatutos sufran cambios para legalizar acciones o situaciones que contradicen abiertamente los principios éticos y políticos de IU.
IU se define por un programa y una practica política que la hacen diferente de otras organizaciones y partidos de izquierdas. La aceptación y desarrollo de los DDHH en sus tres generaciones, la asunción en la teoría y en la práctica de otras aportaciones a la causa de la plena emancipación humana es una seña de identidad irrenunciable para cualquier organización que pretenda ser revolucionaria o transformadora. Desde hace muchos años explicitamos que nuestro discurso es rojo, verde y violeta. Asumamos la historia del movimiento obrero y los nuevos proyectos de liberación.
IU no tiene más referencias sindicales que las derivadas de las alianzas coincidencias y movilizaciones que en cada momento puedan producirse El Programa estratégico, la coincidencia táctica, la acción puntual o la coyuntura favorable para una movilización acorde con los intereses de los que aspiramos a representar, es la única pauta para cualquier tipo de relación política y sindical.
IU se define como una organización republicana. La condición republicana de IU no es una mera adjetivación para la galería. La organización debe fijar en sus Estatutos, discurso y práctica política su decidida voluntad de que la III República española sea una realidad mediante el acuerdo activo, la participación democrática y la divulgación ciudadana de los valores, ética y contenidos de la Constitución de la III República. Nuestro republicanismo no está hecho de nostalgias sino de proyectos para hoy. El desarrollo de esta decisión implica una serie de actuaciones, formas de trabajo y expresiones públicas que sin caer en estridencias gratuitas manifiesten firme, serena e inequívocamente nuestra entidad y nuestra propuesta a la ciudadanía. En consecuencia uno de los trabajos de IU debe ser colaborar y aportar en la puesta en marcha del proceso constituyente de la III República.
La transición hacia este proyecto desde la actual situación es prácticamente imposible. Sólo podría acometerse con valentía, generosidad, lealtad y apertura de miras. La Asamblea de IU Federal está convocada para los días 25 y 26 de octubre de 2.008, recoge en su convocatoria que el debate debe ser muy amplio y abierto al conjunto de la sociedad, a nuestra base social y electoral, a los miles de hombres y mujeres que en diferentes momentos han participado con nosotros en la construcción de una izquierda alternativa y que debemos facilitar la máxima participación a cuantas organizaciones, cuya actividad contribuya a construir una alternativa política. Reconoce el derecho a cualquier afilia@ de invitar a la asamblea local a cuantos simpatizantes y electores considere oportuno al debate y a la participación de los documentos y a las propuestas que consideren.
Dentro del itinerario trazado por la convocatoria de Asamblea se enmarca este encuentro y el que se va a celebrar en Sevilla el próximo 6 de junio y deben de servir para establecer una secuencia de mínimos a ser tenida en cuenta en este nuevo tiempo:
- El principio de coherencia interna desde arriba hacia abajo y viceversa. Ninguna acción política ni interna ni externa puede ser contraria al ideario y al programa de IU (democracia, paridad, especulación).
- Principio de soberanía. Nuestra formación es autónoma y sus alianzas y acuerdos con otras fuerzas políticas se basan exclusivamente en su programa y en principio de coherencia. La discusión no es con quien, sino para qué.
- Principio de subsidiariedad. Las decisiones se toman por las asambleas y órganos más cercanos a su objeto. Los órganos superiores solo podrán intervenir si se vulneran los principios de coherencia y soberanía.
- Principio de democracia radical. No se toleran imposiciones de los órganos de dirección. La garantía de su acción es la Comisión de Garantías cuyos miembros, de relevancia política y social, afiliados o no, serán designados paritariamente por acuerdo de todas las sensibilidades presentes en la organización.
Proponemos:
- Que en los órganos de dirección, en todos los ámbitos (local, provincial, regional, federal), estén presentes todas las sensibilidades, representadas proporcionalmente.
- Que la elaboración del programa sea verdaderamente participativa recuperando el protagonismo de las áreas.
- Que nos dotemos de fortaleza propositiva y argumentativa basada en propuestas creíbles, concretas, transformadoras y efectivamente aplicadas allí donde gobernamos.
¿Como llegamos hasta aquí?
- Haciendo cumplir los criterios de participación de la Asamblea Federal y dotando de instrumentos para la participación de afiliados, simpatizantes y votantes de IU. La participación y opinión de simpatizantes y electores en nuestro proceso congresual debe de ser tenida en cuenta para lo cual se recogerá en las actas de las asambleas los resultados de sus opiniones y deben tener el derecho a enviar delegados a la Asamblea Federal.
- En caso contrario, denunciando el incumplimiento de las normas del debate y replanteándose, como ya ocurrió en la pasada Asamblea de Matalascañas, la participación en el mismo.
- Preguntando a las asambleas de base, si en tal caso, procede la convocatoria de una asamblea andaluza constituyente.
- Convergiendo, finalmente en una asamblea andaluza constituyente.
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