COMENTARIOS AL DOCUMENTO

Mayo 9, 2008

Interesante reflexión, remitida por María Ángeles Perez, al manifiesto “Hay que reconstituir IULV-CA”.

Os escribo estas páginas comentando el documento que me habéis enviado y algunas reflexiones mías. La primera parte del documento me parece una muy buena descripción de los resultados electorales. La segunda parte del documento contiene algunas propuestas que me parecen interesantes.

Voy a intentar hacer algunas reflexiones que espero aporten algo al trabajo que estáis haciendo y que valoro y agradezco mucho como militante de base de IU.

Como digo, ese documento contiene información y propuestas muy valiosas, pero está incompleto. Seguramente esta apreciación es precipitada porque estoy segura de que estáis trabajando en otros aspectos que pasaréis más adelante. De todas formas, os comentaré lo que creo que le falta.

Lo primero que creo que le falta al documento es un análisis profundo de la situación y el proceso, los factores que han sido dominantes en ellos y las relaciones causales que han resultado. Dos son los aspectos que se mencionan una y otra vez en este y otros textos que circulan desde hace meses entre nosotros: por un lado, cómo el bipartidismo se ha instalado en España y cómo eso perjudica electoralmente a IU; y por otro lado, una división interna que ya es endémica y a veces hasta epidémica. Si esos son los dos grandes males, habrá que conocerlos bien para poder afrontarlos.

El bipartidismo es, creo, la forma política que adoptan los regímenes capitalistas avanzados y estables. El bipartidismo es una forma de totalitarismo que se manifiesta en lo ideológico y cultural (una plurarlidad de pensamiento falsa), en lo social y económico (el poder y el prestigio se reparten buscando desequilibrios coyunturales que afiancen el equilibrio estructural) y en lo institucional (los dos partidos se identifican y son identificados con las instituciones del Estado de manera que los cambios de gobierno procuran y producen sustituciones y matizaciones pero no transformaciones). Al bipartidismo contribuyen no solo los dos partidos, sino también partidos minoritarios, organizaciones sociales y empresariales y sindicatos. En España el papel de los sindicatos de clase mayoritarios, creo, ha sido fundamental. La negociación y el consenso de aspectos clave de la economía (reformas laborales y fiscales) ha generado credibilidad no ya en las partes negociadoras, sino en el propio sistema, y ha fortalecido las cúpulas de dirección a expensas de sus bases respectivas. Por otro lado, la información y la cultura se han centralizado desde un punto de vista económico y mercantil, con lo que una censura real ha podido ejercerse sin problemas sobre expresiones culturales e informativas de prestigio.

Sin embargo, el régimen bipartidista alardea de pluralidad apoyándose en los medios de comunicación, que son muchos y muy accesibles, como las televisiones o Internet. Esa pluralidad es también, hasta cierto punto, falsa porque la mayoría de los mensajes de fondo siguen la misma línea de pensamiento. Internet es, por otro lado, un medio de comunicación individual, no colectivo. Sirve para difundir información de forma masiva, pero no facilita criterios de elección y selección y, sobre todo, ha roto el carácter real, físico, sensitivo y humano de los colectivos. Otro efecto muy pernicioso que tiene Internet y que afecta sobre todo al pueblo, es que trivializa la opinión y la participación de la gente, como todo el mundo puede participar y opinar, todas las opiniones parecen ser igual de válidas, y eso no es cierto.

El régimen bipartidista se reajusta y se renueva a través de la alternancia, pero también a través de las alternativas. La existencia de minorías conscientes y activas justifica, para el régimen, la buena salud de la democracia: todo el mundo se expresa, todo el mundo puede participar, otra cosa es quién decide. Además, la acción de las minorías afloja tensiones, convirtiendo cuestiones estructurales en asuntos locales (desindustrializaciones localizadas y bien temporalizadas, por ejemplo).

Creo que IU ha cometido un error de falta de modestia al no tener en cuenta esta realidad para comprenderse a sí misma y comprender también sus fallos, los reales y los que a lo mejor no son tan reales. El poder que tiene una organización minoritaria para ponerse a la altura de una mayoritaria en estas circunstancias es muy poco. Creo, sinceramente, que en este sentido hay un error de apreciación importante. Para gobernar en el Estado o en la Comunidad Autónoma en un régimen bipartidista consolidado hay que ser uno de los dos partidos, eso es lógico, y si IU decidiera un día convertirse en uno de los dos partidos, los que ahora estamos aquí tendríamos que buscarnos otro sitio.

IU sabe y lo dice, aunque muchas veces de manera inconexa y contradictoria, que su papel no es de gobierno de altas instituciones, en todo caso de ayuntamientos. Lo que no veo que haga IU, a lo mejor me equivoco, es reconocer e interiorizar ese papel de manera que todas sus energías se empleen en construir algo. No es que IU no construya, sí lo hace. Lo que creo que pasa es que en la práctica político-institucional y social se dispersa, entrando constantemente en contradicción consigo misma. Por eso los resultados electorales hay que entenderlos no solo en los objetivos numéricos que IU pueda plantearse, sino teniendo en cuenta la situación global. Y por eso precisamente, los objetivos electorales no deberían ser solo numéricos, sino también cualitativos. No creo que debamos dramatizar los triunfos o las debacles electorales, sino analizarlas en función de muchos factores.

Hay otra opción para las minorías, aunque seguramente no es la que cabe. Los totalitarismos pueden entrar en proceso de colapso, y el bipartidismo también. Entonces surgen las “terceras vías” que suelen ser eficaces, pero que también tienen un lado violento, injusto e inhumano. No cabe porque no se dan las “condiciones objetivas” pero también porque el perfil humano actual de IU no asumiría esas estrategias. Tengo que comentar ahora como anécdota que hace poco cayó en mis manos un papel del PCA que aludía a un aniversario de la Revolución de Octubre y que terminaba con una especie de llamamiento a la revolución, con una frase que decía algo así como “aquí también es posible, ahora”. Me hizo gracia pero también me escandalizó que una organización seria e instruida como el PCA, al que pertenezco, se atreva a arengar de esa manera, con tales anacronismos demagógicos cuyo fin no acabo de entender.

Por eso pienso que IU debe reflexionar sobre su naturaleza de colectivo social y político en este contexto y en este momento concreto, y debe hacerlo con seriedad y con valentía. Si somos oposición en los grandes parlamentos, seamos oposición clara y consecuente. Eso quiere decir que si se nos ofrecen parcelas de cogobierno y las aceptamos (yo soy partidaria casi siempre del cogobierno), tendremos que aceptar también el hecho de que lo más seguro es que, por mucho que nos esforcemos, no se nos distinguirá del partido dominante, porque somos visibles cuando estamos solos. Si no estamos solos se nos asimila al mayoritario y nos volvemos invisibles, porque el totalitarismo bipartidista se manifiesta también en esto.

Y la reflexión debe llevar a la acción, como decía Marx. Es importante, como acción, que IU redefina sus principios ideológicos creando un cuerpo de pensamiento nuevo. Nuestros lemas de verde, violeta, rojo y no sé qué más, ya no sirven. Hay que buscar un discurso ideológico nuevo que recree de manera coherente todos esos principios que siempre me han parecido una especie de potaje crudo. Aquí tenemos que ser autocríticos y autoexigentes porque a todos nos consta que como individuos y, hasta cierto punto, como colectivo, bebemos de las mejores fuentes del pensamiento de la humanidad, de las más inteligentes (el marxismo), de las más creativas (la mejor literatura, cine, arte) y de las más humanas (humanismos de toda región y tiempo, incluidos aquellos de los pueblos indígenas que han sabido poner al ser humano en su sitio en este planeta). No solo los poetas, que hablen también los filósofos, los sociólogos, los economistas… Sabemos lo que no queremos cuando miramos a nuestro alrededor, pero necesitamos una ideología estructurada y sistematizada que nos permita explicar por qué y actuar en consecuencia sin titubeos. Y necesitamos también esa ideología porque la tentación involucionista y demagógica es permanente y es muy peligrosa.

El otro gran asunto es el de la confrontación interna, la crisis cerrada en falso, etc. y esto también merece un análisis. En los colectivos humanos el factor humano es fundamental y cuando el factor colectivo o social o ideológico entra en confrontación con el humano, estoy segura de que este es el que prevalece, para mal y, a veces, para bien. En todas las organizaciones hay enfrentamientos internos entre personas que tienen intereses distintos o que tienen puntos de vista distintos. Las organizaciones monolíticas y jerarquizadas los resuelven mediante el ejercicio de la autoridad. Las organizaciones que se dicen más democráticas no cuentan con ese recurso para resolver sus problemas, así que tienen que recurrir a otros sistemas. En IU hay no solo diversos colectivos sociales y políticos que forman parte estatutariamente de la organización. De esta situación sería lógico esperar divergencia de opiniones. Pero la confrontación va más allá de las diferencias de principios propia de una organización plural. Es un enfrentamiento personalizado pero no entre parejas de personas, sino entre personas que han arrastrado a más personas, de forma que se multiplican los enfrentamientos personales.

Reconozco que no soy capaz de explicar esto. Cuando escucho declaraciones o leo textos de unos y de otros no soy capaz de distinguir discursos diferenciados, a lo sumo, que los unos hagan más hincapié en un matiz y los otros en otro. Y siempre tengo la sensación de que nadie dice la verdad, nadie dice lo que realmente piensa o quiere.

Sé que muchos compañeros se mueven por intereses puramente personales (conservar un puesto de trabajo o acceder a él, conservar una excedencia o acceder a ella, prestigio, reconocimiento, etc.). Todo eso es muy humano y no habría por qué criminalizarlo. En todo caso habría que regularlo para que todos los que quieren reconocimiento, por ejemplo, pudieran acceder a él en condiciones de igualdad, para que los puestos de trabajo que genera la organización se repartieran de manera justa, ya que no hay para todos.

También es verdad que muchos compañeros, la mayoría, la inmensa mayoría, no se mueven por intereses personales de ese tipo, que lo que persiguen es la realización sincera y transparente de un proyecto político de izquierdas, solidario, humano, etc.

Por eso, en este asunto pienso que lo mejor es que, puesto que todos estamos de acuerdo en lo fundamental, se busque un método eficaz de participación, por un lado, y de aclarar las cosas, por otro. Cada caso debe ser estudiado en sí mismo: donde haya una dirección despótica habrá que pedir cuentas a esa dirección y donde las minorías hayan sido indisciplinadas igual.

Lo que creo que no podemos seguir haciendo dentro de IU es ampararnos en discursos débiles para justificar nuestras disconformidades. La organización no pierde credibilidad cara al exterior por el enfrentamiento en sí, sino porque nadie comprende el fondo del enfrentamiento. Y dentro de la organización he visto a compañeros poco informados obligados a tomar partido guiándose por lo que hacían los demás más que porque lo que ellos pudieran pensar realmente. A mí misma me he visto así muchas veces. Esto es intolerable.

El tercer problema que se menciona en el documento, la desmovilización social y la incapacidad de IU de movilizar socialmente, creo que se explica por todo lo que hemos visto. IU no puede seguir pensando que los movimientos sociales son su base. Los movimientos sociales son muy inestables y los que no lo son están en la nómina del régimen. Por otro lado, el ensimismamiento institucional de IU y sus conflictos internos han producido una separación no tanto física como simbólica de las realidades sociales. IU debe tener unos objetivos políticos propios coherentes con su interpretación de la realidad y debe tener unas estrategias de acción política y social consecuentes con sus principios y adaptadas a la realidad. Debemos estar en la calle, pero con las ideas claras en todo momento. No podemos defender en la calle de un pueblo una cosa y en la del pueblo vecino otra distinta.

En este sentido, tenemos que reconocer otro gran déficit interno de IU: la coordinación institucional. Nuestros cargos públicos actúan localmente y solo para asuntos puntuales se reúnen. Debemos entender el territorio no solo como demarcación electoral y administrativa. El territorio es la realidad física donde pasan todas las cosas, las económicas, las sociales, las demográficas, las culturales,… Tener una visión clara y una propuesta política propia respecto al territorio es la base de una acción decidida y consecuente, que, no obstante, se tiene que ver reforzada por un contacto permanente, regulado y lleno de contenido entre cargos públicos locales, provinciales y autonómicos.

Y ahora, qué hacer.

Como decía al principio veo en vuestro documento propuestas interesantes. Voy a intentar comentarlas de manera ordenada.

Lo primero que se me ocurre es respecto al proceso asambleario. Todos tenemos claro, y lo decimos, que es necesaria una re-creación de IU (la palabra refundación no me suena bien. La Historia es eterno cambio pero no retorno). Me parece que sería bueno separar temporal y metodológicamente el proceso de recreación del de puesta en marcha de la nueva etapa o el nuevo proyecto político. Si comenzamos ahora a debatir lo que debe ser IU y al mismo tiempo quién o quiénes tienen que asumir la dirección, seguramente vamos a confundir objetivos y podemos caer en la tentación de decir amor cuando en realidad estamos pensando en sexo. Por tanto, yo separaría los dos procesos en el tiempo, en los objetivos y en los métodos, y ahora me centraría en el proceso de reflexión participativa y recreación. Pero para poder hacerlo así es imprescindible un consenso entre las mayorías y las minorías sobre la forma en que se debe desarrollar la tarea y tareas. En este sentido me parece buena la propuesta de crear una comisión plural, que debería ser la encargada de animar, hacer el seguimiento y recoger las conclusiones del proceso de participación y reflexión.

IU cuenta con una estructura real de participación de base, las asambleas locales. Sinceramente pienso que ahí nuestra organización ha triunfado, a pesar de todos los pesares. Las asambleas existen como tales realmente, y en este proceso habría que recuperarlas en su realidad humana y no simplemente estatutaria. Por eso, yo propondría un debate sobre un mismo guion asamblea por asamblea en el que el objetivo no sea informar sobre las directrices que se han adoptado en la dirección, o someter a votación propuestas ya enlatadas, sino favorecer que cada militante que lo desee opine, proponga, analice y se postule y comprometa para asumir tareas concretas (y no cargos o responsabilidades). No me gustaría que se repitiera lo que ha venido sucediendo con frecuencia en nuestras asambleas, que los debates se centran en la defensa de una postura, a veces ni tan solo propuesta, y en su votación, de manera que la conclusión de la reunión ha sido el resultado numérico de una votación. Para ello habría que favorecer un ambiente de debate tranquilo en el que los militantes nos sintamos seguros y libres y, sobre todo, motivados internamente. Quizás no sería mala idea que esos debates estuvieran animados no por representantes de las mayorías y las minorías, sino por moderadores-relatores si no externos, sí al menos capaces de cumplir su papel con neutralidad. Estos relatores tendrían que recoger todas las propuestas y ponerlas por escrito siguiendo una misma sistemática.

Habría que valorar la posibilidad y la conveniencia de que en esos debates locales participaran simpatizantes o representantes sociales del entorno, como hemos hecho en otras ocasiones.

IU no solo necesita la opinión y las propuestas de su militancia. También necesita un análisis experto y objetivo de lo que es en su contexto histórico actual, así como claves para comprender ese contexto, como decía más arriba. Por eso, esa comisión debería también buscar a personas instruidas en el análisis teórico de distintos campos (sociología, filosofía, economía, derecho, etc.) que aportaran esa visión objetiva y experta. No tenemos que tener miedo de los sabihondos, solo saber lo que cada uno puede aportar desde su experiencia personal y profesional y desde sus conocimientos, y cuál es el sitio de cada uno. No hay que sobrevalorar a los sabios, pero tampoco apartarlos con prejuicios.

En paralelo, como comentáis, habría que hacer dos tareas de carácter más organizativo que son fundamentales y de las que se podría encargar la comisión: poner al día los censos y proponer un mecanismo eficaz de actualización periódica; y aclarar la cuestión financiera: con qué patrimonio cuenta la organización, distinguiendo lo que pertenece a IU de lo que es del PCA o de otras organizaciones, con qué ingresos contamos (cuotas, aportaciones de grupos políticos, ingresos extraordinarios, etc.) y elaborar una propuesta que incluya no solo un presupuesto, sino también un sistema planificado de financiación que permita el mantenimiento de IU, sus infraestructuras y actividades no solo de la capital, sino de las asambleas locales y comarcales.

Por último, sería necesario que funcionara un buen mecanismo de información y comunicación sobre el desarrollo del proceso de forma que todas las asambleas y toda la militancia estuviera al día de lo que va sucediendo.

Este proceso debería terminar con la elaboración de una propuesta de reformulación ideológica, ética y metodológica, de pensamiento, de principios y de acción, sobre la que plantear el siguiente proceso de renovación de direcciones, reestructuración organizativa y funcional y de planificación de la actividad.

Y, como ya a estas alturas me doy cuenta de lo ensoñador de mi texto, seguiré en esa línea esperando por parte de todos y de todas mucha sinceridad y mucha valentía para decir y para escuchar, y también modestia. Es verdad que en IU nadie sobra, pero que nadie se sienta tampoco imprescindible. Y os recomiendo que leáis el último libro de Belén Gopegui, El padre de Blancanieves.

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